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    <title>Dr. Barbahan</title>
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    <subtitle>A continuación encontrarán historias inéditas del Dr. Barbahan...
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    <title>La maldición del tercer mundo</title>
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    <published>2009-10-24T22:33:51Z</published>
    <updated>2009-10-24T22:48:48Z</updated>

    <summary>La maldición del tercer mundo Tenía la maldición del tercer mundo: jodido, sin dinero y con un hambre congénita que lo perseguía como solo la sombra sabe perseguir. Lo acompañó desde siempre, aun antes de nacer. En esa conjunción de...</summary>
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        <![CDATA[<p>La maldición del tercer mundo</p>

<p>Tenía la maldición del tercer mundo: jodido, sin dinero y con un hambre congénita que lo perseguía como solo la sombra sabe perseguir. Lo acompañó desde siempre, aun antes de nacer. En esa conjunción de espermatozoide y ovulo que se llevó a cabo no por la naturaleza, sino porque si, por esa ansia enorme de permanecer en la nada, de seguir siendo aun sin ser.</p>

<p>Muchos seres nacen marcados, este nació preñado, con una hambre que lo habría de acosar durante toda su existencia. Este ser no era una realidad, sino una dualidad hombre-hambre.   </p>

<p>Al sacarlo de las entrañas de su madre, lloró, no por la nalgada que le dieron,
sino de  pura hambre. Ni en el tiempo de los gigantes, ni mucho menos hoy, hubo, ni hay, y ni habrá senos, por enormes que estos sean, capaces de llenar aquel ombligo.</p>

<p>Como las maldiciones nunca vienen solas, a los pocos días de nacer murió su madre.
Les dejó como herencia a su hambre y a él, lo largo y ancho del mundo. Vivian el uno para el otro, él para saciar su hambre, y Hambre para atormentarlo a él. </p>

<p>La costumbre es la fuerza más poderosa de este mundo: las cosas son como las películas, o las películas son como las cosas, o la vida es como las cosas y las películas son como la vida. Y esta historia no tendría porque ser diferente.</p>

<p>Así fue como él se dedicó a trabajar para Hambre día y noche, entre la lluvia, el sol y el viento, mientras Hambre implacable le acortaba los caminos. Una vez Hambre lo vio herido e incapacitado para el más mínimo trabajo, entonces se le subió y lo lapidó 
inmisericordemente hasta casi matarlo, no lo hizo porque la misión del hambre no es matar, sino mantenerse. </p>

<p>Unas almas caritativas se apiadaron de él para regocijo de Hambre, y solo así, mitad vivo, mitad muerto, siguieron coexistiendo. Pero la cosa no fue siempre así. Algunas veces en las noches, y solo por poco tiempo, Hambre lo abandonaba y entonces se sentaban a platicar como lo que realmente eran: dos viejos conocidos. Él le preguntaba a Hambre:</p>

<p>---Dime, pues, ¿qué mal te he hecho?-- Hambre le contestaba:</p>

<p>---No me mires como a un defecto, soy la maldición del tercer mundo, que
persigue a los jodidos como tu, desde antes de nacer hasta más allá de la muerte. Yo no soy el pecado original, esa pendejada se quita con el  bautizo, yo soy indeleble. Y recuerda, hagas lo que hagas Juan te llamas. Cuando vayas a la iglesia no te eches tanta agua bendita, de veras nada ganas con remojarte.</p>

<p>Sucedió un buen día, Hambre, hastiado de la rutina, lo atosigo más de lo acostumbrado, le nublo la vista y le disminuyo el oído. Fue cuando él no pudo ver aquel enorme camión materialista.  Él y Hambre fueron a parar bajo un  par de llantas negras, casi tan negras como la suerte de él.</p>

<p>Hambre no era lerdo y lo comprendió al instante, fue y lo colgó como escarmiento en lo más alto de las páginas de los periódicos amarillistas. Allí estaría para siempre, a todo color, con las tripas de fuera. Tan solo para decirle al mundo que no hay vida, por jodida o agraciada que esta sea que no se pueda comprimir en un simple rechinar de llantas.</p>
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    <title>Jacinto, el cazador de ballenas</title>
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    <published>2009-10-21T02:35:53Z</published>
    <updated>2009-10-21T02:43:01Z</updated>

    <summary>Era viuda y gorda hasta el extremo. Cuando su marido vivía era ya una mujer robusta, y a su muerte se abandono a la comida, y comenzó a acumular carnes y más carnes. De su hombre heredó el apellido y...</summary>
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        <![CDATA[<p>Era viuda y gorda hasta el extremo. Cuando su marido vivía era ya una mujer robusta, y a su muerte se abandono a la comida, y comenzó a acumular carnes y más carnes. De su hombre heredó el apellido y la tienda del barrio, ella supo regentearla hasta convertirla en un prospero negocio.</p>

<p>Desde el gran mostrador de su tienda se dedico a mirar la vida y las generaciones una tras otra, fue de esta manera como llego a conocer la historia de cada uno de los habitantes de ese barrio.</p>

<p>Jacinto solo era un niño cuando <em>La Gorda</em> lo veía jugar al fútbol, en realidad el era uno más de esa numerosa camada. En ese entonces, viéndolo así tan inocente e indefenso, nadie se podía imaginar que con el tiempo se convertiría en el gran capo de capos y sería conocido en el bajo mundo de Juárez y a nivel nacional e internacional, con el sobrenombre de <em>El Señor de las Ballenas</em>. </p>

<p><em>La Gorda</em> comenzó a ver a Jacinto de manera diferente y a sentirse atraída e interesada por ese puberto, entonces empezaron los regalitos y las sodas:</p>

<p>--¿Qué más quiere, Jacinto?-- le decía <em>La Gorda</em>:</p>

<p>--Así esta bien señora, gracias-- le contestaba.</p>

<p>Un mediodía a la hora de cerrar la tienda, <em>La Gorda</em> le dijo:</p>

<p>--Ayúdeme a cerrar las puertas, ya es hora de comer-- y él le ayudo a cerrar.</p>

<p>--No sea malo,  ahora ayúdeme a subir estas cosas al almacén-- el subió las cosas, pero una vez allá arriba, en el sopor de la tarde, entre los bultos de arroz y de harina, <em>La Gorda</em> lo comenzó a acariciar, ella había soñado ese momento muchas veces durante sus largas noches de soledad; lo fue desnudando poco a poco mientras le besaba la piel, siempre dueña de la situación.</p>

<p>Por su parte ella con dificultad también se quitaba la ropa.</p>

<p>A <em>La Gorda</em> le extrañó el tamaño desmesurado de su miembro, demasiado grande para su corta edad, tenia las genitales cubiertas por un pequeñísimo bello rubio, el estaba en pleno xiloteo, esto la excitó aún más.</p>

<p>Jacinto solo veía un mar de piel embravecido con un fuerte olor a pescado y no lo pensó mucho. Hundió su enorme quilla hasta lo más profundo de aquel mar sin horizontes, lo oyó bramar, <em>La Gorda</em> en ese preciso instante había dejado de tener el control de la situación, ella sintió lo mismo que sintió el mar rojo cuando Moisés con su báculo divino separo sus aguas, es cierto, Jacinto no tenia un báculo, pero tenía un gran separador de carnes que le servia exactamente para lo mismo, ahora el era capitán, el gran asesino de ballenas. A partir de ese momento el instinto de capitán de goleta ballenera lo acompañaría por el resto de sus días. Después de hundir su quilla, la sacaba hasta lo más alto de las crestas de las olas de piel y nuevamente arremetía hasta las profundidades ignotas de <em>La Gorda</em>, ella bufaba, bramaba y mordía.</p>

<p>Los compañeros de escuela de Jacinto lo vieron entrar, y al no verlo salir, solidarios hicieron guardia a la puerta de la tienda, y desde ahí oyeron los gritos desaforados de ella.</p>

<p>De repente Jacinto sintió hundirse sin remedio en las profundidades de ese mar de piel, mientras un torrente de liquido ardiente se le escapaba de las entrañas dejándolo sin aliento; la ballena, herida de muerte, alcanzo a dar su ultimo coletazo lanzando fuera de sus brazos a Jacinto, después se dio media vuelta y comenzó a roncar. </p>

<p>Jacinto empapado en sudor, busco su ropa y se vistió. Con un costal de arroz vacío se froto sus genitales para quitarse el fuerte tufo a sexo, todavía con la conciencia obnubilada, sintiendo las rodillas temblarle y agarrándose de las paredes, bajo las escaleras, afuera sus compas esperaban.</p>

<p>--¿Qué paso, que le hiciste, como estuvo?-- le preguntaron. </p>

<p>--La "<em>arponie</em>''-- les dijo, mientras iniciaba un trote ligero 
rumbo a su casa, para cumplir con sus tareas cotidianas. </p>
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    <title>Un gran tambo de mierda</title>
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    <published>2009-10-05T17:16:22Z</published>
    <updated>2009-10-05T17:20:03Z</updated>

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        <![CDATA[<p>Todo hombre al nacer debe cumplir con su destino, no importa cuán insignificante sea, pues a final de cuentas todos somos iguales a los ojos del creador. Esto también sucede de otra manera, es decir, cada hombre durante el transcurso de su vida debe llenar un tambo de mierda. Hay tambos con la misma capacidad, pero nunca iguales, difieren en radio y en altura, cada tambo distingue a un hombre y a solo uno. A los hombres nacidos muertos les corresponde un tonel de área A y altura cero.</p>

<p>Esta es la historia de un gran hombre, cuyo tambo era de gran capacidad. Cuando se dio cuenta de la existencia de el, fue a conocerlo, y al verlo casi vacío, se puso a comer y a cagar en serio; y como veía que no avanzaba gran cosa en aquello del llenado, se puso a vivir plenamente, y mientras vivió así, cago plenamente y se olvidó del tambo por años y décadas. Fue un hombre de éxito, pero cerca del final de su vida se acordó de su tambo, y pudo comprobar con horror, que ya casi estaba lleno. Sus días estaban contados... le vino un estreñimiento severo.</p>

<p>De ahí para adelante, comenzó a comer cada vez menos, pero el llenado inexorable de aquel tambo inmenso avanzaba. Pensó mil maneras para detener aquella sentencia, y usó todas las artimañas e influencias a su alcance, pero todo fue inútil.</p>

<p>Llego el momento, solo le faltaba un infinitésimo del volumen por llenar, y él, con la barriga repleta de mierda y mordiéndose los labios, se negaba a cumplir con su destino. Empezó a delirar, y en sueños se vio en cuclillas, justo en el borde de su inmenso tambo, cuidando que sus talones no se mancharan, y sin pensarlo empezó a cagar y a cagar y a cagar, no solo lo lleno sino que hasta lo desbordo. Mientras cagaba se sintió poseído de una gran paz espiritual, todo empezó con una pequeña luz blanca, él camino hacia ella, más adelante estaba el gran túnel de luz y al final el gran tambo inconmensurable de mierda.</p>

<p>En vida fue una gran mierda, y como suele suceder, le correspondió un gran funeral.</p>
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    <title>No hay camino seguro</title>
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    <published>2009-10-05T17:06:13Z</published>
    <updated>2009-10-05T17:15:39Z</updated>

    <summary>El mingitorio del bar El Delirio Azul es de cemento, y es enorme, hecho a la usanza de antes, parece una alberca diminuta. Una noche, alguien puso unos barquitos de papel dentro del mingitorio. Con la chorra intentaba hundirlos, lo...</summary>
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        <![CDATA[<p>El mingitorio del bar  El Delirio Azul es de cemento, y es enorme, 
hecho a la usanza de antes, parece una alberca diminuta.</p>

<p>Una noche, alguien puso unos barquitos de papel dentro del mingitorio.
Con la chorra intentaba hundirlos, lo conseguía solo por unos instantes, inexplicablemente volvían a la superficie. 
Por si fuera poco la pequeña flota navegaba contra corriente, desafiando las leyes de la hidráulica, entre enormes olas de espuma, esquivando peligrosos arrecifes de vomitada. Era como si manos expertas la guiaran en la terrible borrasca.</p>

<p>Iban rumbo al rincón más oscuro, lejos del sumidero, donde sentada sobre un 
pequeñísimo promontorio de cemento, una sirenita de enormes ojos verdes, pechos al aire y labios pintados a fuego, tocaba el laúd, mientras su voz hermosa llena 
de promesas intimas, le cantaba a los diminutos y aguerridos marineros.</p>
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    <title>La octava tribu de Aztlán</title>
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    <published>2009-09-20T19:41:07Z</published>
    <updated>2009-09-20T19:43:55Z</updated>

    <summary>Nadie los vio llegar, al principio llegaron de uno en uno, llegaron imperceptiblemente y se fueron acomodando en la gran urbe como pudieron. Hasta que por fin llenaron todo y no hubo rincón exento de ellos, entonces llegaban en parvadas,...</summary>
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        <![CDATA[<p>Nadie los vio llegar, al principio llegaron de uno en uno, llegaron imperceptiblemente y se fueron acomodando en la gran urbe como pudieron. Hasta que por fin llenaron todo y no hubo rincón exento de ellos, entonces llegaban en parvadas, a plena luz del día o cuando se les antojaba. Se volvieron descarados y prepotentes, pues se sabían los dueños de la gran ciudad, es decir, se volvieron mayoría. </p>

<p>Ni las profecías ni los antiguos códices Aztecas la mencionan siquiera, esta tribu llego
sin invitación, sin anuncios ni premoniciones, se asentó y tomó sus reales en el valle del Anáhuac en pleno siglo veinte. La octava tribu de Aztlán, la última, la gran tribu de los Imecas, cuyos guerreros son del color del hollín y saben a hollín, aguerridos como ellos solos, para serle fiel a la tradición de tantos siglos de luchas. </p>

<p>Pero al igual que las pasadas siete tribus, su destino era desaparecer, las otras tribus fueron barridas, contaminadas o absorbidas para dar origen a las hordas de nacos chilangos que pululan en el D.F.   </p>

<p>En un día de contingencia ambiental sin precedentes, reunidos en gran 
asamblea plenaria, la tribu de los Imecas decidió por mayoría absoluta 
abandonar el Distrito Federal: 
--estamos hartos de tanto chilango--.</p>

<p>Según dijeron, la mayoría se fue a vivir al  Popocatepetl, otros se fueron de braceros y se acomodaron en las grandes urbes de California y Texas y en otros estados de la Unión, algunos se fueron a Monterrey y Guadalajara. Pero como en las mejores familias, hubo uno y solo uno que no acató la decisión mayoritaria de la asamblea y se quedó en la gran urbe, instalandose en la mera mitad de la megalópolis, justo sobre el ángel de la independencia, no sin antes tragarselo.</p>

<p>Una burbuja del más puro grafito y dimensiones colosales sustituyó al ángel. Desde entonces el Distrito Federal fue la región mas transparente, para que se cumplieran las profecías de uno de sus visionarios.</p>

<p>Por un tiempo los chilangos vivieron felices, pero al cabo de un tiempo les empezó a ganar la nostalgia, empezaron a llorar por el mal perdido, el aire diáfano no era para ellos y siguieron quemando gasolina a destajo y al ver que no conseguían enturbiar el aire ni siquiera tantito comenzaron a quemar miles y miles de llantas y chapopote. 
Sin embargo, el aire seguía incólume, incluso lo exportaban a otras ciudades y no hubo en todo el mundo aire más puro que el de la Ciudad de México.</p>

<p>Todo el smog producido se iba reconcentrando a nivel molecular en la gran burbuja, violando la segunda ley de la termodinámica, la claridad del aire era directamente proporcional a la presión de la burbuja, y así, día tras día, hasta que llego el momento que aquel cascarón recalentado por tanto smog acumulado explotó, podrás violar las 
leyes divinas pero cuidado con las físicas. Durante días llovió mierda sobre mierda. Aquel valle del Anáhuac se convirtió en lo que siempre había sido y desde entonces cayó la noche eterna, sin siquiera una estrella que alumbre.</p>
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    <title>El oficio</title>
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    <published>2009-09-16T18:28:51Z</published>
    <updated>2009-09-16T18:30:24Z</updated>

    <summary>Esta es la historia de dos piedras del camino, que por esas cosas de la vida por un tiempo estuvieron separadas. Pero al fin, la casualidad las volvió a juntar. Juraron no volver a hacer caso de las intrigas y...</summary>
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        <![CDATA[<p>Esta es la historia de dos piedras del camino, que por esas cosas de la vida por un tiempo estuvieron separadas. Pero al fin,  la casualidad las volvió a juntar.  </p>

<p>Juraron no volver a hacer caso de las intrigas y de los chismes. Juraron volver a ser el sostén de las ruedas de las carretas y el pedestal donde deje su huella el errante peregrino.  </p>

<p>Su destino no es llegar a ningún lado, ellas son simplemente parte del sendero.</p>

<p>Un buen día un geólogo tomó las dos piedras del sendero y se dijo: 
-Esta raro esto, a pesar de ser de composición química tan diferente, y de tener distinta forma, tienen una gran similitud.</p>

<p>El geólogo no alcanzó a ver que las unía el oficio; pues las dos hacían camino.</p>
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    <title>Un profesor incorruptible</title>
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    <published>2009-08-20T16:19:15Z</published>
    <updated>2009-08-20T16:20:04Z</updated>

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        <![CDATA[<p><span class="mt-enclosure mt-enclosure-file" style="display: inline;"><a href="http://dimensionbarbahan.zonalibre.org/http:/dimensionbarbahan.zonalibre.org/incorruptible.pdf">incorruptible.pdf</a></span></p>
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    <title>Otra historia de amor</title>
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    <published>2009-07-29T22:42:39Z</published>
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        <![CDATA[<p><span class="mt-enclosure mt-enclosure-file" style="display: inline;"><a href="http://dimensionbarbahan.zonalibre.org/http:/dimensionbarbahan.zonalibre.org/otrahistoria.pdf">otrahistoria.pdf</a></span></p>
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    <title>Una mujer así</title>
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    <title>Otro punto de apoyo (ver cuento)</title>
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    <title>El perro blanco (ver cuento)</title>
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    <title>Carta abierta a Santa Clos (ver carta)</title>
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    <title>Para acavar con las faltas de ortografia de una bes por
 todas (ver cuento)</title>
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    <title>Para todos los admiradores del Dr.Barbahan: Jesusito (ver libro)</title>
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    <updated>2009-06-23T20:25:16Z</updated>

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    <title>En temporadas de crisis el Dr. Barbahan busca empleos alternativos (ver foto). Solicite sus servicios en este blog.</title>
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    <published>2009-06-12T18:00:41Z</published>
    <updated>2009-06-12T18:01:00Z</updated>

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